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La hora de la verdad para Blair
No fue cuando tuvo que contestar a las preguntas acerca de su papel en el escándalo del “intercambio de dinero por títulos nobiliarios”, provocando su tartamudeo al estilo Hugh Grant cuando rechazaba mendigar por su persona o suplicar por su integridad. Pero cuando nuestro primer ministro declaró su orgullo por algunas de las mejoras del Servicio de Salud Nacional Británico (NHS) durante los últimos 10 años, John Humphrys, del Today Programme de la BBC, le acusó de actuar al estilo del “viejo Laborismo” a través de enviar dinero al servicio de salud, parte del cual ha ido a parar a los salarios del personal, por ejemplo, los de nuestros médicos de cabecera, que han obtenido subidas salariales enormes.
Blair no negó que su gobierno haya enviado dinero al NHS. En su lugar, se puso a hablar de la reducción de los tiempos de espera para tratamientos hospitalarios urgentes. Ya no es normal que los pacientes se mueran mientras esperan por una operación cardiaca o de cáncer durante meses, o que la gente tenga que esperar años para operarse de cataratas. Es raro ahora que a alguien que necesite tratamiento urgente se le deje en una camilla durante días a la espera de que se desocupe una cama. Incluso se atrevió a añadir lo siguiente:
“Creo que es fantástico que paguemos más a nuestros trabajadores sanitarios".
Nuestro primer ministro admitió en una entrevista que "le gusta gustar". Ahora que se acerca en momento de su retiro, le gustaría ser recordado no sólo por la pesadilla de Irak o por vender medallas y títulos nobiliarios a cambio de sumas destinadas al Partido Laborista. Quiere que su carrera como líder se juzgue en base a lo que considera las políticas sociales y económicas de éxito que se han implementado en Gran Bretaña desde 1997.
Las acciones y alianzas de Blair invitan a realizar comparaciones inútiles y a distraer la atención de la naturaleza de las políticas domésticas. Su relación internacional más importante ha sido su alianza servil con George W. Bush, exponiendo nuestra humillación nacional en la reunión del G8 del año pasado cuando se humilló en vano para que el Comandante en Jefe le concediera permiso para visitar Oriente Medio. El líder político de la historia reciente cuya motivación y tenacidad admira y emula a Margaret Thatcher. Su relación más significativa dentro del gobierno británico es con su rival y hombre detallista Gordon Brown, a quien le quitaron el crédito conseguido por la mejora del rendimiento de la economía del Reino Unido. La calidad de sus actuaciones y la maestría de la maquinaria de su relaciones públicas han oscurecido la sustancia de su programa práctico.
Sin embargo, Blair ha tenido un programa socioeconómico, un programa que no es idéntico al de Bush y Thatcher, que ha sido capaz de implementar. Desde que Bill Clinton se retiró, él ha sido el mejor profesional del mundo de una escuela política que se hace llamar "tercera vía". A diferencia de Clinton, Blair ha sido un ejecutivo con casi un control total sobre su asamblea legislativa. Los cambios que tuvieron lugar en Gran Bretaña durante la última década pueden verse como medida de los efectos de las políticas de la tercera vía.
La tercera vía, como algo diferente a puras ideas de libre mercado, acepta que el capitalismo puro no conlleva la diseminación de los "perdedores" (es decir, la mayoría). En la ideología de la tercera vía el mercado capitalista y sus “creadores de riqueza” se consideran, supuestamente, la fuente del dinamismo económico, y el Estado debería traspasar al sector privado todo aquello que pueda hacerse para crear beneficios. Pero sin una inversión, gasto y redistribución sustancial por parte del Estado, al tiempo que el rico se enriquece más, el resto de la gente desciende hasta la miseria y la infraestructura social y material, de la que dependen los negocios basados en la consecución de beneficios, comienza a desarmarse. La tercera vía es una admisión de que el capitalismo necesita a la sociedad para poder funcionar a largo plazo y que, sin el Estado, el capitalismo destruirá la sociedad.
Así, mientras se privatizan cosas que ni siquiera Margaret Thatcher fue capaz de tocar y se hace que las escuelas y los hospitales funcionen como negocios del sector privado – hasta el punto en que muchos de ellos se encuentran en bancarrota – Tony Blair ha presidido un enorme incremento en gasto estatal. El gasto público ha aumentado no solamente en términos reales sino también en proporción al PIB británico, yendo de un 37,4% en 1999-2000 hasta un 43,1% en 2006-2007.
Más aún, se han introducido nuevos beneficios estatales disfrazados bajo el nombre de “créditos fiscales”, los cuales no sólo aumentaron los ingresos de los pensionistas y familias pobres sino que también hicieron que la gente piense que vale la pena aceptar trabajos con sueldos muy bajos.
La reducción de las listas de espera en los hospitales o la mejora del grado de pobreza absoluta no son ningún milagro, ni siquiera el relativo bajo nivel de desempleo del Reino Unido, un 5,5% (aunque a este último está estadísticamente mejorado por los 2,7 millones de personas que han sido eliminadas de las cifras de desempleo y viven con pensiones estatales de invalidez). El gobierno ha destinado dinero a estos problemas y ha funcionado bien.
El Nuevo Laborismo ha redistribuido ingresos no solamente entre la población sino también entre firmas capitalistas. Los créditos fiscales al trabajo proporcionan un subsidio indirecto a los trabajadores con sueldos bajos. Las Iniciativas Financieras Privadas (PFI), las Sociedades Público-Privadas (PPP) y otros programas de semi-privatización proporcionan miles de millones en subsidios directos a firmas de construcción, ingeniería e informática.
Y nuestros empresarios “creadores de riqueza” están agradecidos por esta ampliación del Estado. Como bien afirmó Stephen Ratcliffe, Jefa ejecutiva de la Confederación de Construcción, después de que el PIB aumentara en Reino Unido hasta un 10% en 2005 debido a la construcción:
“los resultados de la Encuesta [del Comercio de la Industria de la Construcción] demuestran una vez más la importancia de la inversión sostenida del sector público. Es fundamental que el gobierno mantenga sus compromisos de invertir en servicios públicos para poder mejorar la competitividad del Reino Unido y la calidad de vida de la nación. La estabilidad proporcionada por la inversión sostenida del gobierno también permitirá a la industria reclutar, formar y permitir el desarrollo de sus gente y transmitir los planes del gobierno de manera más costo-efectiva.”
John Humphrys, de la BBC, sugirió a Tony Blair que podría haber evitado el aumento de los sueldos de los médicos si hubiera destinado ese dinero a otros gastos del NHS y de una manera diferente, por ejemplo si lo hubiera hecho a hurtadillas en lugar de anunciarlo con antelación, o introduciendo las “reformas” al sistema antes de gastar más dinero. Tales especulaciones tienen poco peso en la realidad. El efecto de la oferta y la demanda sobre los precios, incluyendo el precio de los trabajadores, es una característica ubicua del capitalismo. No había manera, ni siquiera si eso fuera algo bueno, de que el NHS se hubiera hecho con miles de trabajadores más (un incremento del 23% del número de trabajadores del NHS entre 1999-2000 y 2004-2005) sin enfrentarse a la presión por el aumento de sueldos.
En lo relativo a las “reformas”, éstas no son medidas que permitan reducir costes y, de hecho, son muy caras. Los programas del PFI incluyen la transferencia de cerca de 23 millones de libras de NHS a firmas privadas, en calidad de beneficios e intereses de pago. La introducción de competición en el mercado entre unidades de servicios de salud ha aumentado los costes administrativos y de transacción de un 6% del coste total de los servicios hasta un12%, el cual todavía continúa aumentando. Los costes de administración y transacción en los EEUU representan más de una cuarta parte del gasto total de todo el sector de salud.
El dinero habla inglés
Por supuesto, esto plantea la cuestión de dónde emana todo este dinero. La respuesta típica, como la dada por Anatole Kaletsky, editor asociado de The Times, es que Gran Bretaña todavía se está beneficiando de lo siguiente:
“…la reforma de los sindicatos, la desregularización y las privatizaciones de la era de Thatcher. Por primera vez en el siglo XX el tatcherismo creó un verdadero mercado económico competitivo en Gran Bretaña, en un momento en que la mayoría de las naciones del continente se embarcaban en rumbos exactamente opuestos.”
Hay algo de cierto en esta afirmación. En una economía capitalista mundial globalizada, el capital tenderá a moverse hacia países donde los costes son más bajos debido a la debilidad de sus sindicatos y donde la regulación es poco estricta. En parte esta es la razón por la que Gran Bretaña se encuentra en el primer puesto de lugares para realizar inversión interna. Esto no proporciona ninguna evidencia a las ideas neoliberales sobre la eficiencia del mercado – más bien al contrario: la creciente inversión interna ha estado acompañada de un excesivo y casi constante desplome de la habilidad del Reino Unido para manufacturar bienes que puedan competir en el mercado mundial.
Pero, como los países de sueldos bajos, especialmente China, han abaratado tanto los precios de sus productos manufacturados, nuestro declive industrial se ha convertido en una virtud. Importamos bienes materiales cada vez más baratos y tenemos una buena plusvalía en exportaciones de "servicios del conocimiento", como los denomina Kaletsky: servicios financieros, ciencia, educación y entretenimiento, cuyos precios han aumentado. Este factor tiene una enorme importancia significativa. De acuerdo con Kaletsky:
“A juzgar por revisiones recientes de las cuentas nacionales, el cambio en los precios relativos de las exportaciones e importaciones británicas y la fuerza de la libra esterlina han agregado un 5% al PIB británico desde 1995 – más que el valor máximo del Petróleo del Mar del Norte.”
Y, ¿por qué nos va tan bien con los servicios basados en el conocimiento? ¿Estamos mucho mejor educados, somos más inteligentes y más entretenidos que los franceses, alemanes o japoneses? Dejando de lado la arrogancia nacionalista de uno, hay una razón mucho más prosaica. Los servicios del conocimiento son también los servicios basados en la lengua inglesa. El inglés es el idioma dominante en las finanzas globales, Internet, ciencia y entretenimiento. Por esta razón, el PIB conjunto de los países anglosajones se ha incrementado más rápidamente que aquellos de otras economías avanzadas de la última década; y la India, cuya clase profesional habla inglés, está creciendo incluso más rápido, aunque desde una base mucho más baja.
Un artículo reciente en The Economist sugería que esta ventaja lingüística competitiva disminuirá con el tiempo, ya que el hecho de que la gente sea bilingüe en inglés se está convirtiendo en una norma global.
Pero, mientras tanto, para los muchos y grandes males de los que es responsable, Tony Blair ha canalizado algunos de los frutos de esa ventaja a través de la reducción de los tiempos de espera en el servicio de salud británico. Si eso le aportará o no el crédito que tan desesperadamente desea es otro asunto diferente.
Fuentes:
Imagen de portada: El Primer Ministro, Tony Blair, se reúne con los trabajadores del Hospital Wythenshawe.
The Today Programme, BBC Radio 4, 2nd February 2007
Anthony Giddens (ed): The Global Third Way Debate, Blackwell, 2001
Paul Wallace: ‘After the Feast’, The Economist- The World in 2007,
‘Construction Hopes for a Good First Quarter’, http://www.constprod.org.uk/download/pr/Trade%20Surveys%20-%20Feb%2005.pdf.
‘Value for Money in the English NHS’, The Health Foundation
http://www.health.org.uk/aboutus/publications/research/Value-for-money-report-web.pdf
‘The patchwork privatisation of our health service: a user’s guide'. Report by Keep our NHS Public http://www.keepournhspublic.com/pdf/Patchwork%20privatisation.pdf
Anatole Kaletsky: ‘End of the Economic Golden Age?’ The Economist- The World in 2005
Ruth Lea: ‘
‘They all Speak English’, The Economist, 16th December 2006