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Pequeño terremoto – sin víctimas - en Cuba

¿Qué pasará cuando muera Fidel Castro? Como demuestra la total normalidad mantenida en Cuba durante las pasadas semanas en que Fidel ha estado hospitalizado, no pasará nada. Sin duda, hay noticias devastadoras, al menos para Washington y su armada de medios de comunicación sumisos y adivinos, diez de los cuales fueron desenmascarados este mes por estar en la nómina del Gobierno de los EEUU.

El comentarista conservador latinoamericano, Álvaro Vargas Llosa, recogió cuidadosamente el optimismo a ultranza de los enemigos de Cuba en un artículo en el The Wall Street Journal: “Sabemos, a juzgar por la experiencia de las dos últimas décadas alrededor del globo, que una de las últimas cinco tiranías comunistas que quedan en el mundo está agonizando [1] – (Quizás Llosa no esté familiarizado con el libro titulado "La Hora Final de Castro", publicado en 1992).

Esta sabiduría convencional se basa en mala interpretación de que lo que ha permitido a la Cuba revolucionaria ver nueve de los presidentes de los EEUU y sobrevivir al derrumbamiento de la Unión Soviética y otros de sus socios comerciales socialistas, fue la represión interna y el gobierno de un sólo hombre. Por lo tanto, a esto le sigue que, tras Fidel, Cuba entrará en un período de transición que llevará, más pronto que tarde, al final del socialismo y a la restauración del capitalismo. Con este fin, el gobierno de los EEUU ha destinado 80 millones de dólares adicionales a actividades contra Cuba, abarcando desde difusiones radiofónicas y televisivas que se emitirán en la isla, hasta la financiación directa de opositores políticos, tanto en La Habana como en Miami. Esta tentativa de fabricar disensión y de desestabilizar Cuba ha demostrado ser espectacularmente ineficaz, aunque sirve como advertencia a otros países acerca de qué esperarse en caso de intentar escapar la hegemonía de los EEUU.


Camaradas en armas: Che, Raúl y Fidel

Al tiempo que Fidel es, y seguirá siendo, una figura clave de unión entre el pasado y el presente, la revolución de 1959 no fue trabajo de un sólo hombre. Por contra, fue la culminación de siglos de  luchas nacionales por la independencia para liberar a Cuba de la despiadada dominación colonial española y, luego, del igualmente brutal neocolonialismo de los EEUU que la siguió. No fue hasta 1961, después de que las Fuerzas Aéreas estadounidenses bombardearan los aeropuertos cubanos en el preludio de la invasión de Bahía de Cochinos, cuando Cuba se declaró como una república socialista. En adelante, el patriotismo cubano y las ventajas del socialismo (en concreto, salud y educación universales) se entrelazaron, tanto en asuntos de la realidad práctica como, y lo que es igualmente importante, a los ojos de la gente.

Democracia participativa

El modelo político cubano adoptado ante la amenaza de bloqueo económico y militar de los EEUU – democracia participativa dentro del marco de un sistema monopartidista – ha resultado ser increíblemente duradero. Se celebran elecciones directas para las asambleas regionales y nacionales. Cualquiera puede presentarse, y un 30% de los electos no son miembros del Partido Comunista. También se devolvió el poder real e influencia a organizaciones de trabajadores, estudiantes y mujeres, al igual que a los organismos locales denominados Comités para la Defensa de la Revolución. Por ejemplo, la nación entera fue consultada a través de varios miles de reuniones públicas y, tanto trabajadores como estudiantes, se opusieron con éxito a varias de las medidas austeras propuestas.

Con la ausencia obvia de una contra-revolución, ha emergido un análisis de Cuba más sofisticado, aunque igualmente defectuoso, en las columnas de opinión y artículos de prensa en los EEUU y Europa. La agencia de noticias Reuters informó, en una pieza claramente editada, que “algunos prevén un juego ideológico entre 'Talibanes tropicales' (socialistas clásicos) y los autores de las reformas económicas al estilo chino” [ 2 ]. Se dice que el presidente en funciones y jefe de las fuerzas armadas, Raúl Castro, es partidario del estilo chino, y esto supone que habrá reproches por parte de los Estados Unidos y se terminará con el socialismo. Curiosamente, en 1990, sucedió lo contrario a lo anteriormente dicho. Más tarde se discutió que Raúl fue defensor de las reformas económicas de estilo Norcoreano y presionó a Fidel para que optase por un aislamiento, en lugar de desarrollar el turismo, y  potenciar la inversión interna. Las evidencias para apoyar cualquiera de las dos proposiciones son escasas o no existentes. En caso de una “Chinificación”, la especulación parece estar basada solamente en la eficiencia de Raúl en la dirección de largas partes de la industria del turismo y uniones con firmas extranjeras, lo cual sigue la misma línea que las políticas gubernamentales existentes

El razonamiento ofrecido para sostener las alegaciones de que Raúl iniciará reformas de mercado es que necesitaría evitar una explosión social que provoque la caída del socialismo. Este razonamiento ignora dos cosas. En primer lugar, si fuese a haber una explosión social en Cuba, ya la hubiera habido a principios de los años 90, cuando la URSS se desplomó y provocó una quiebra económica que se llevó un 35% del PIB de la nación en un sólo día y dejó a la población con apenas posibilidades de auto alimentarse. En segundo lugar, fueron las limitadas reformas de mercado introducidas tras la crisis – sociedades privadas a pequeña escala, la legalización del dólar estadounidense en Cuba y otras medidas de naturaleza similar – las que reabrieron, aunque de forma relativamente minoritaria, el tipo de divisiones sociales y desigualdad que la revolución de 1959 había abolido. Estas reformas de mercado están actualmente en proceso de ser cambiadas, ya que la economía cubana se ha
recuperado.


¿Taliban tropical? El joven Ministro de Exteriores Cubano, Felipe Perez Roque, dando un mitin.

El constante crecimiento económico de Cuba se afirma, paradójicamente, no solamente en la profunda relación con Venezuela y su revolución Bolivariana, sino también, y quizás lo más importante, en la experiencia e inversión chinas. Si estas dos relaciones internacionales permanecen inalteradas (lo cual es una asunción razonable a corto o medio plazo), no hay ninguna razón política o económica convincente que pueda precipitar un giro a la derecha. Más bien al contrario; la expansión del estado capitalista chino y su necesidad por encontrar nuevos mercados es lo que hace posible la supervivencia del socialismo en Cuba. Por otra parte, para un país tan cercano geográficamente a los EEUU, como es Cuba, las reformas al estilo chino dudosamente conducirían a una reforma al estilo estadounidense, con todos y todo lo que ello implica, incluyendo la vuelta de los anticomunistas de Miami y los restos violentos de la dictadura de Batista. Y...¿quién quiere eso en Cuba? No Raúl Castro, eso seguro.


Artículo traducido del inglés por James Walsh y Rafael Lafuente